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Al nazareno ausente

Cada año hay una ausencia. Quizás más de una.
La ausencia se hace presente, se patentiza, a la hora incierta de la tarde, entre dos luces que se funden, a la hora incierta de la mañana, cuando el día se impone a la noche cansada.

Este año, una vez más, se registrara la ausencia en esa augusta, misteriosa y cristiana Semana Santa murciana. En esa tarde convertida en rio de sangre.
Cuando ya no canta el gallo de la Negación porque teme confundirse con el de la amanecida.

Cuando las estrellas, cansadas de llorar lagrimas de plata, se fueron tras una nube blanca, perdida acaso tras la lejana cumbre de Sierra Espuña.
Cuando el sol y la brisa, la rosa y el azahar el río y la caña, componen el clima y el paisaje.
Entonces se mueve la Cruz sobre el hombro descansado; se mueve la Pasión, hecha figura y vida, sobre el hombro fuerte y generoso.
Surge el nazareno murciano, rudo y elegante, y al golpe seco del estante, la procesión se mete en Murcia.

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Soy Nazareno Morao

Él nunca había desfilado como nazareno, ni había sentido la fría y a la vez cálida madera de la tarima sobre su hombro, pero se sentía nazareno de pura cepa, pues desde que era un zagal, su padre le había llevado todos los Jueves Santo a oír cantar a los auroros en Jesús, a ver como los nazarenos de la Oración hacían crecer la palmera que al día siguiente acompañaría a Jesús y al Ángel, y por último, situado en el centro de la Iglesia de Jesús, bajo la gran araña que la ilumina iba saludando, con una ligera inclinación de cabeza a cada uno de los tronos (como si se tratase de un matador en el centro del ruedo); tronos de imágenes dolientes y pasionarias que cobraban vida para responder ese saludo enviado desde el corazón.

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Sentimiento Nazareno

Quien me iba  a decir a mi que, después de 25 años, iba a tener ahora la necesidad de expresar mis sentimientos nazarenos.

He tenido la gran suerte de pertenecer a una de las familias mas antiguas de la semana santa murciana, y a la vez de pertenecer y liderar uno de los tronos mas amados y envidiados (sanamente hablando) de toda la Semana Santa de Murcia.
Por si aun no te has dado cuenta de que trono estoy hablando querido lector, es el de La Oración en el Huerto de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Murcia.
De aquel niño de 10 años que solo salía en procesión por el simple hecho de dar caramelos, al hombre que se llena de amor y satisfacción cada Viernes Santo cuando toca sacar a la "joya de Salzillo" a la calle.

En el transcurso de este tiempo, me ha tocado vivir momentos de alegría, pero también de mucha tristeza y amargura,como aquel Viernes Santo de 1995 que, debido a las normas establecidas ese año respecto a no poder salir hasta no haber cumplido los 18 años (yo los cumplía en agosto), me impidieron vestirme de morao. Gracias a los ánimos recibidos por los nazarenos veteranos, ya jubilados, y también al cariño recibido de los que salían, junto a mi padre y hermano, pude resistir aquella mañana de nefasto recuerdo para mi, aunque de alguna manera no me perdiera el recorrido, pues lo hice al completo, solo que por fuera del desfile. Por cierto que, nadie respetó la norma, solamente mi padre, el cual al terminar la procesión se quejo enérgicamente ante la Junta Particular por tal hecho.

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Carta a Nano

Querido hermano Nano:

He recibido a través de nuestro Cabo de Andas, Pedro Zamora, la carta de agradecimiento que nos envías de forma colectiva y es por el mismo conducto como pretendo contestarte, desde mi perspectiva de nazareno de la Oración. Sí, ya veterano y retirado pero nazareno de la Oración hasta la médula y hasta la muerte.

Muy bien comienzas tu carta diciendo que es imposible demostrar en palabras todo lo que estás sintiendo y es verdad, pues ser nazareno no es una cuestión de herencia, costumbrismo o simplemente vestir una túnica nazarena en un día determinado. Ser nazareno, sobre todo de nuestra Oración, no es solamente cuestión de fortaleza, entrega, sacrificio, etc. a todo esto le falta su ingrediente principal: “el sentimiento” y cuando es el corazón el que habla, como es tu caso, es nuestro corazón el que escucha y comprende perfectamente al tuyo, pues ya ha pasado por ese feliz trance. Las palabras se quedan cortas y solamente el corazón que comparte sentimientos es capaz de comprender.

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Mañana esperada

Un año más, tras poder contemplar al Cristo del Perdón y a su Madre Dolorosa recorrer las calles de la Alberca de las Torres en la noche del Jueves Santo, me dispongo a descansar para poder participar en la procesión de mis amores la mañana siguiente.   
Pero esta noche es diferente, no es como todos los años, surge en mí un gusanillo que recorre todo mi cuerpo, como si de un primerizo se tratara, que al alba vestirá su primera túnica morada.

Razón había en ello para tales emociones y sentimientos, esa madrugada al despertar cambiaría la túnica de tantos años, las puntillas y el cetro por la chaqueta y el estante.
Al despertar, la emoción me embargó y mis piernas comenzaron a temblar, poco a poco fueron transcurriendo los minutos que fueron calmando mi ansiedad, y mientras por el rabillo del ojo contemplaba el paso de las "Tres caídas" por Campana, me subía las medias, ataba bien las esparteñas alrededor de los tobillos, me colocaba la chaqueta y corbata, para a continuación colocarme las enaguas almidonadas.

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La Palmera (II parte)

Recuerdo que un año, solo había una palmera en condiciones y ésta, para mi sorpresa, tenía los dátiles colorados, circunstancia que hizo dudar a mi padre el utilizarlos para La Oración, toda vez que no recordaba que en otra ocasión fueran puestos por su padre o tio. Al fin se decidió a colocarlos, lo que llamó poderosamente la atención positivamente, ya que los mismos lucieron espectacularmente en la mañana del Viernes Santo, llamando la atención entre la gente durante todo el recorrido.

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Gotas de sudor, cuentas de amor

¡Cuántas gotas de dolor,
cuántas cuentas de sudor,
-sudor de sangre y de amor-
en tu Oración redentora!
porque sabías, Señor,
que era llegada la hora
de tu supremo dolor.
Dolor que, en contraria suerte,
-y perdona que en la suerte
yo ganara la partida-
para Ti sería muerte,
para mí sería vida.
Cada gota de sudor
sobre la tierra del Huerto
era un frío brillo muerto
bajo la luz de la Luna

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Vía Crucis con motivo de la llegada de la Cruz de los Jóvenes

El viernes 25 de junio hay un Vía Crucis con motivo de la llegada de la Cruz de los Jóvenes, ideada por el Papa Juan Pablo II, que saldrá de la Plaza de San Agustín y finalizará, tras realizar un recorrido por las calles de Murcia, en la Plaza del Cardenal Belluga.

El Vía Crucis comienza a las 20,30 horas, situándose la primera estación en la Plaza de San Agustín, donde estará ubicado el Paso de La Oración del Huerto, y la segunda estación en la Ermita de San Antón donde estará el Paso del Prendimiento, y desde la que miembros de la Cofradía de Jesús portarán la Cruz de los Jóvenes hasta la tercera estación situada en la Iglesia Parroquial de San Francisco Javier (Iglesia del Padre Joseíco).

Ambos Pasos estarán acompañados por su Estandarte, y el Paso del Prendimiento será acompañado, además, por la Capilla de Canto de la Cofradía de Jesús y 20 alumbrantes, en su traslado hasta la Ermita de San Antón, siendo portado a hombros por sus estantes.