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Lluvia y Pasión

Me cuesta mucho explicar lo que significó para mí la procesión del Viernes Santo del año 2007, pero quiero compartir con todos vosotros los momentos inolvidables de esa mañana.

Como todos los años sonó el despertador a las 5.00 h. y como siempre me acerqué a la ventana asomando la cabeza entre las cortinas. Pude contemplar que el suelo estaba mojado y que un suave “chiriviri” caía sobre nuestra ciudad. La ilusión se desvaneció y el pesimismo se hizo dueño de mí. Mientras me vestía, fueron innumerables las veces que me asomé a la calle esperando un pequeño milagro, que parara de llover, aunque cada vez que me asomaba la respuesta del cielo era la misma, lluvia. Aún así continuaba vistiéndome, para ir a “Jesús” como Dios manda.

Cual fue mi sorpresa cuando al salir de mi casa la lluvia cesó y un  hilo de esperanza inundó mi corazón. Cogí a mi hijo y a mi mujer y emprendimos el caminó hacia la privativa iglesia de Jesús. Durante el  trayecto fui   tranquilo, aunque con la preocupación propia debido a las inclemencias meteorológicas y al nerviosismo del que iba a ser mi debut como cabo de andas de la Oración en el Huerto. Comenzaba otra generación. Llegando a la Iglesia empecé a notar como unas gotas de tamaño considerable empezaban a caer sobre mi túnica morada. En ese instante me derrumbé y las lágrimas que caían sobre mi rostro nada tenían que envidiar a las del cielo. Tantas ilusiones puestas en esa mañana y de golpe y porrazo todas ellas desaparecieron. La procesión no saldría.

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Viernes Santo Murciano

Con este título, el maestro Jesús García Aldeguer nos dejó de uno sus más bellos poemas. Fue escrito en el año 1944, y publicado en el número 26 de revista mensual “Fuensanta” en el mes de marzo de 1.945, cuya edición correspondía a los Padres Jesuitas.
No hace falta añadir nada más, sino leerlo. Es fiel reflejo y doy fe de ello, del significado de este grandioso día para el poeta:

Murcia sigue penitente
el sendero pasionario,
Viernes Santo mañanero
en ascensión al Calvario.

Se van abriendo los cielos
por las saetas y salmos.
Entre claveles y cirios
pasa Cristo condenado,
cargado con el madero
hecho por nuestros pecados.

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La mirada

Así que, tras registrarse la sená, pensando con angustia que había dado hasta el último caramelo, le dijo al chaval que le sostuviese el estante y palpándose nervioso, ahora con las dos manos alrededor de su cintura, notó por fin la forma y la textura de una mona con huevo a la altura de los riñones.
 
¡ aaajá ! - comentó mientras extraía ese postrer regalo, deleitándose con la transformación que experimentaba la carita del niño que, en ese momento, alzó el rostro lentamente y le lanzó una silenciosa mirada de agradecimiento, tan clara y nítida, que pareció que le estaba hablando..

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