• 1
  • 2
  • 3

Seguir soñando

Esa noche me fue imposible conciliar el sueño hasta bien entrada la noche; como dormir teniendo frente a mi la túnica "mora" y a pocas horas del día nazareno más deseado, soñado y amado en mi vida. Daba vueltas hacia un lado, vueltas hacia otro, abrí y cerré los ojos mil veces, mientras contemplaba a mi familia durmiendo plácidamente y tranquilos como lo hace San Juan de La Oración sabiendo que cumpliría con el trabajo al que se me había encomendado. Cuando por fin cogí el sueño, un sueño duermevela como el que tuvo San Pedro el día del prendimiento en Getsemaní, una voz me susurra al oído: ¡Despierta Antonio José, llegó tu hora, todo esta preparado, llegó tu día soñado!.

Leer más: Seguir soñando

LA ORACIÓN, EL HOGAR

Los seres vivos somos capaces de identificar nuestra casa, nuestro hogar, gracias a diferentes sensaciones que nuestros sentidos captan. Algo que olemos, tocamos, vemos, oímos….alguna sensación interna que solo tú mismo comprendes…pueden ser muchas cosas o una sola, pero sabemos cuándo estamos en casa.

Desde la LLAMADA DE PEDRO (¿Os habéis fijado que todos hablamos de ella?) he experimentado unas sensaciones que me dicen que formo parte de un hogar. Cuando me dio la noticia, volvía del trabajo en coche y me alegré de no ir conduciendo porque mi cuerpo tembló. Mi primer pensamiento se fue hacia mi padre (q.e.p.d) porque pocas cosas le habrían enorgullecido más que la estampa de  sus hijos cargando juntos la Oración. Hace más de 30 años, papá, que nos metiste en vena “el morao”, hemos sido mayordomos y penitentes, y aquí nos tienes. Seguro que lo viste y lo disfrutaste. Luego llamé a mi hermano, compañero nuestro, y no se sorprendió porque Pedro ya le había adelantado la noticia, prohibiéndole decirme nada y ni una palabra soltó.

Leer más: LA ORACIÓN, EL HOGAR

La Llamada

 Cuando llega la cuaresma, empieza en mi un sentimiento especial. La responsabilidad heredada de dirigir La Joya de Salzillo. En estos días recibo, por desgracia para ellos, la llamada de alguno de los nazarenos estantes que tengo el honor de dirigir, informándome que ese año no podrá salir, pero no es de esta llamada desagradable de la que quiero hablar.

 
Salir en La Oración en el Huerto es el sueño de cualquier nazareno murciano, de ahí la larga lista de espera que tenemos.
Mi obligación en estos casos es encontrar a la persona adecuada para suplir esa baja. 
Una vez decidida la persona elegida, me dispongo ha realizar la llamada que tantas personas estarían dispuestas a recibir. Acostumbro a no desvelar la noticia por teléfono e insto al afortunado a una cita con cualquier excusa.
No tiene precio para mi, ver los ojos encharcados de futuro nazareno al escuchar de mis labios que ese año podrá cargar en La Oración.
Que suerte tengo, no solo por ser el cabo de andas de la Perla de Salzillo, sino por poder hacer realidad el sueño de alguien que en la mayoría de los casos no conozco.
Doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado y por lo que me permite dar a los demás.
 
Pedro Zamora Romero de Castellón
Cabo de andas de la Oracion en el Huerto

ORACIÓN EN EL HUERTO. AÑO PRIMERO

Cuando me dispongo a escribir las primeras líneas en las que hablo acerca de mi primera experiencia como estante del trono de la oración, las ideas y sobre todo las emociones se me agolpan en la cabeza, todo lo vivido en las semanas previas y especialmente lo sentido en esa mañana radiante y primaveral en la que sentí sobre mis hombros el peso de la historia.
Sería imposible detallar cada anécdota ocurrida desde el momento en el que tuve constancia de que existía una posibilidad de cargar La Oración este año por los distintos motivos sucedidos,  igualmente se me vuelve presentar como una tarea irrealizable el hecho de poder  agradecer lo suficiente la ayuda prestada por las distintas personas que hicieron posible la experiencia vivida, no mencionaré nombres por temor a olvidar alguno en este artículo, pero ellos saben quiénes son, y lo enormemente agradecido que estoy.

Pero llega el momento de contar la experiencia en sí, y esta es, que para un joven católico, murciano y amante de sus tradiciones, hay pocas cosas que puedan suponer una mayor emoción que formar parte de la Semana Santa murciana y más aún ser miembro de La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, más aún si cabe, si desde que tengo uso de razón llevo viendo a mi padre mostrar el mayor respeto, cariño y devoción hacia esta procesión y lo que la rodea, inculcándome a mí de esta forma, la devoción por la Semana Santa y en especial por nuestro trono.  Y así he podido vivirlo yo, la seriedad, la rectitud y el buen hacer en esta procesión se respira en todo momento, no sólo desde la salida, sino  en las semana previas, con la comida, la preparación del trono, o en ese silencio en los instantes previos al comienzo, en los que cada cual tiene un momento para la reflexión y ser consciente de donde está, donde mi pensamiento iba hacia mis abuelos y en lo que ellos me dirían de haber podido estar, pero sobre todo hacia mi padre al que tenía a unos pocos metros y del que bajo su apariencia serena yo sabía que había una montaña de emoción al saberme a su lado en una experiencia tan importante para él.

Y así llegó la salida con el retumbar de la vara del cabo de andas y el redoblar de los tambores y con apenas unos pasos recorridos, me llama mi padre para el relevo fundiéndonos en un abrazo que jamás olvidaré, y metiéndome bajo el trono y sintiendo su peso,  supe que llegaba el momento, que lo vivido hasta ahora había sido un juego y que ahora debía  de cargar con todo lo que había en mí, por los compañeros y los cabos de andas, por mi Fe y por la historia de este trono, pero sobre todo por el orgullo de mi padre y así traté de hacerlo durante el recorrido de la procesión.
Y tras acabar la procesión y abrazarme con los compañeros y amigos, por encima del cansancio había una sensación de alegría y orgullo indescriptible excepto para aquellos que hayan sentido este bendito peso sobre sus hombros. Sin duda, es una experiencia que nunca olvidaré, y que espero poder repetir cuantas oportunidades tenga a lo largo de mi vida.
Francisco Javier Aliaga Pérez

Un lustro

El tiempo, ese juez tan inquebrantable como presuntuoso, continúa con su senda marcada, casi sin dejarnos degustar esas escasas delicias que nos encontramos escondidas a lo largo de nuestra vida. Tal es lo que digo, que han transcurrido casi sin querer, cinco años, un lustro, desde que esta web ocupara su sitio en la “red de redes”.

Leer más: Un lustro

Y LLEGÓ EL MOMENTO

No llegué a conocer a mi bisabuela. Fue mi abuelo, quien cogió su relevo en la Cofradía, el que desató mi devoción por el Viernes Santo en especial y por la Oración en el Huerto en particular.

Hasta que las fuerzas le acompañaron en su vida, nunca abandonó el puesto de penitente que heredó de su madre; siempre con la misma ilusión, siempre con la misma alegría, siempre con la misma devoción,… Tras ellos le llegó el turno a mi padre, mis tíos y a mí.

La Oración en el Huerto está en el ADN de la familia, como diría Mendel, es parte de nuestra herencia genética y algo mío muy especial e íntimo.

Si algo recuerdo de las Semanas Santas de mi niñez son esos madrugones para poder coger una primera fila, más que difícil y codiciada, yendo de la mano de mi madre por las calles de Murcia antes del amanecer.

Leer más: Y LLEGÓ EL MOMENTO

A D. Antonio Díaz Bautista

El próximo día 28 de enero, hará un año que el profesor D. Antonio Díaz Bautista pasó a morar la casa del Padre. No tratamos de descubrir ahora sus extensas facetas como profesor de Derecho, o explendido pintor y acuarelista, o musicólogo que también lo fue.

Solo pretendemos rendir un modesto homenaje a un murciano ilustre, y para esto baste extraer de su magnífico pregón de la Semana Santa Murciana del año 1993 un soneto dedicado a La Oración en el Huerto:

Yo te veo, Jesús, desmadejado
bajo las hojas grises del olivo
viendo acercarse ya el definitivo
sacrificio por Ti tan esperado.
 
Y en tu rostro de lirio acorralado
el resplandor ambiguo y fugitivo
de un turbio amanecer dubitativo
pone un reguero de sudor helado
 
Yo sé que Tu, Señor, tuviste miedo
de beber aquel cáliz de amargura
que el Angel señalaba con su dedo,
 
y el recordar tu miedo me procura
las fuerzas, cuando pienso que no puedo
seguir hasta el final de mi andadura.

SER PARTE DE LA ORACION

Todo el mundo me lo decía. Ser cofrade de Jesús y portar La Oración en el Huerto es la mayor experiencia que puede tener un nazareno murciano. Y yo quería vivir ese sentimiento. Os voy a contar como lo logré.

En diciembre del año  2012 y debido a una ampliación del número de estantes de los pasos llamados “grandes” de la Cofradía de Jesús, recibí una llamada de mi buen amigo Antonio Jiménez, nazareno donde los haya. De casta le viene al galgo.

-“Pedro Zamora te va a llamar”
-“Escucha lo que te tiene que decir”.

Leer más: SER PARTE DE LA ORACION