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Este año, este humilde nazareno que os escribe, no quiere dejar pasar la oportunidad de intentar daros las gracias, aunque es imposible demostrar en palabras todo lo que estoy sintiendo en estos momentos.

GRACIAS por haberme acogido desde mi bautismo, hace tan solo un año. Y cuando digo acogido no me refiero ser un número más o “el nuevo” (como suele ser habitual), sino ser recibido como un auténtico nazareno de La Oración. Me lo habéis demostrado con creces con las infinitas muestras de cariño, amabilidad y confianza que recibo de vosotros día a día. Aquí, verdaderamente, no hay veteranos ni novatos en lo que al trato se refiere, somos todos una gran familia.

GRACIAS por dejarme participar activamente en todos y cada uno de los eventos y actividades organizados por el Trono y la Cofradía. Os aseguro que intentaré aportar todo lo que de mi dependa para engrandecer aun más, si es que esto es posible, el nombre de La Oración en el Huerto.



GRACIAS por haberme enseñado lo que debe ser un nazareno como Dios manda. Y no sólo me refiero a la técnica a la hora de llevar un paso, que por supuesto sois la mejor escuela, sino a la forma de cómo debe comportarse y vivir un verdadero nazareno de La Oración. A pesar de mi experiencia de más de 25 años como estante en otras Cofradías, lo que he vivido estos 365 días con vosotros no lo había sentido nunca.

GRACIAS por confiar en este pobre nazareno que sólo es capaz de dar lo poco que sabe (eso sí, con toda la ilusión y esfuerzo del mundo) y estar “al quite” el día de la procesión, siempre tan pendientes de dejarme sentir ese orgullo y satisfacción que produce el dolor de la vara sobre los hombros, aunque con mis errores garrafales provoque que mis compañeros deban cargar más de lo que les corresponde. Os puedo asegurar que minuto a minuto pongo especial interés en aprender de vosotros, escuchando y observando que debo hacer y que no, para evitar esos fallos y, si Dios me permite cargar de nuevo con vosotros, os pueda servir de ayuda mi esfuerzo.

GRACIAS, en definitiva , por ser como sois y haberme hecho posible vivir ese sueño, tan deseado por cualquier nazareno, que es haber cargado sobre sus hombros nada más y nada menos que a La Oración en el Huerto un Viernes Santo por las calles de Murcia, rodeado de verdaderos hermanos como vosotros.

Gracias de todo corazón

Vuestro hermano

NANO